Nombre: Víctor
Apellido Paterno: Hayes
Apellido Materno: Seimandi
Lugar de Nacimiento: Algún cerca del Jordán.
Fecha de Nacimiento: 1317 (Sin fecha exacta)
Sexo: Masculino
Preferencia Sexual: Bisexual
Edad Real: 693 años
Edad Aparente: 27 años
Raza: Vampiro
Apellido Paterno: Hayes
Apellido Materno: Seimandi
Lugar de Nacimiento: Algún cerca del Jordán.
Fecha de Nacimiento: 1317 (Sin fecha exacta)
Sexo: Masculino
Preferencia Sexual: Bisexual
Edad Real: 693 años
Edad Aparente: 27 años
Raza: Vampiro
.: Perfil Personal :.
Descripción Física:
Ahí está, tal como me lo describieron hace unas noches una pareja de árabes extraños, de gran altura, piel bronceada como llegado recién de algún balneario, labios gruesos, ojos pardos, pareciera que brillan más que el de otras personas, pero siendo lo que es no me sorprende, cabello muy corto desordenado, manos fuertes, parece mimetizarse con el lugar, pero su mirada está completamente ausente, puedo notar su cuerpo delgado bajo el sweater beige. ¡Dios! Esa gente me había descrito incluso esa barba que parece producto de algunos días sin afeitarse. Se levanta y pude ver su gran altura, pero cuando le ofrecí la mano y él estrecho la mía, pude sentir la suave piel y su frialdad, los jeans que está usando enmarcan sus piernas y el perfecto trasero. Ya he mirado mucho.
Descripción Psicológica:
Espere un rato a que me dijera algo, pero todo era como ellos me hablaron, Viktor no inicia las conversaciones, de hecho siento como si me estuviese analizando sentado frente a mí en silencio “buenas noches” fueron mis primeras palabras, él no fue muy amable al responderme “No creo que pueda decirte buenas tardes… ve al punto o me largo” yo suspire, el primer encuentro no estaba siendo muy relajante, pero la mujer aquella me había dicho que al final Viktor era muy amable y apasionado, pero claro, yo soy una perfecta extraña y también me advirtieron que con los extraños no era exactamente muy amable. Así fue el primer encuentro con Viktor, me tomo tiempo, varias noches el conseguir convencerlos de que me dejara entrevistarlo derechamente, es muy terco, pero al final cada noche que nos juntamos era mejor que la anterior. Ya por la tercera semana de encuentros nocturnos fue él quien me busco diciendo que ya se hacía aburrida la noche sin que yo le estuviese molestando, que al final era divertido hablar conmigo, que tenía mucho de qué hablar con un mujer que leía tanto y creía saber mucho, si es del tipo que no acepta ninguna verdad como absoluta, siempre dice “yo creí una vez ciegamente en algo, y me fallo la fe en el momento más importante, yo decía que mi única verdad era eso… y como ya no me queda ni esa fe, nada puede ser absoluto” jamás me ha dicho a qué se refiere, y ya llevo un año conociéndolo. Llegue a la conclusión de que Viktor es muy distante con la sociedad porque no considera que necesite mezclarse tanto con los humanos, pero que no oculta su naturaleza, porque ama que sean que es, su ego no le permite pasar desapercibido y que esa conducta de jamás iniciar las conversaciones es porque quiere rodearse de gente capaz de superar sus miedo o prejuicios, sólo gente que siente más deseo o curiosidad por él que esas emociones tan débiles, sólo los fuerte y curiosos despiertan deseo en él, lo bastante como para llevárselos a la cama.
Hobbies: Caminatas, andar a caballo, leer.
Virtudes: Puntual, responsable, protector, atento, mesurado, buen confidente, leal, coherente a sus propias reglas.
Defectos: A veces suele ser algo machista, pero solo por un deseo de proteger, algo apático.
.: Origen :.
Arbol Genealogico:
Abdullah Seimandi _ padre humano –muerto-
Kelia Yesenes _ madre humana-muerta-
Atma Seimandi – esposa –muerta-
Kimara Seimandi – esposa- muerta
Banafrit –ex esposa – viva
Adnan – hijo – vivo.
Historia:
Llegue corriendo luego de comprar la comida de mi perro, Viktor había aceptado al fin contarme su vida antes de que nos conociéramos gracias a Adnan y Banafrit, una pareja de vampiros que conocí en Santiago de Chile hace cuatro años en los que tres me dedique a buscar a su solitario “Amo”, fue difícil pero lo hice, encontré a Viktor y me hice muy amiga suya, lo bastante como para que me contará de su vida. Llegando al bar donde acordamos juntarnos lo veo sentado en la mesa del fondo jugando con un vaso de whisky que sé, no beberá.
-Llegas tarde-me dice apenas me pare frente a la mesa, había esperado la queja, en el tiempo que lo conozco aprendí cuanto aborrece la impuntualidad- Siéntate y empecemos antes que me arrepienta…-me ordeno corriéndome la silla. Todo un caballero. Saque del bolso mi grabadora, en realidad es mi mp4, con espacio suficiente como para grabar unas cuantas horas de charla y si no es suficiente, tengo listos tres tarjetas de memoria más. Me senté, no sin antes darle un beso, no podía dejar pasarlo desde que él me permitió hacerlo, besarlo era que me derretía.
-Pues empecemos… -le dije mordiéndome el labio inferior- No quiero que te arrepientas… -encendí la grabadora, él tenía sabido que no le haría ninguna pregunta en específico, quería saberlo todo, me llego una copa de vino con su botella, frutillas picada en un plato de postre, el corazón me latió muy rápido ante el gesto, él sabía que me gustan las frutillas picadas en vino tinto. Suspire. Viktor tomo mi mano con dulzura.
-Empezare Rayen, pon mucha atención…-miro mi mano con dolor- Y no me odies, por favor…
Cuando nací no me llamaba Viktor Hayes, ni mucho menos era inglés como ahora. Fui el hijo de Abdullah Seimandi, rey de uno de las tantas tribus Nómadas cercanas del Jordán, por el año 1317 aproximadamente, no podría darte una fecha exacta ya que en aquel tiempo no nos preocupabas por las fechas de occidente. Mi nombre era Kadar Seimandi. Fui educado como un beduino de alta cuna, entrenado en el uso de la espada árabe y en las leyes de Alá. A los nueve años ya acompañaba a los hombres en los asaltos de los pueblos estacionarios árabes, y si me preguntas ahora si me arrepiento te diré que no, era a forma que mi pueblo lleva siglos viviendo. A los diez años ya había cortado varios cuellos, todos de aquellos que veían en un niño sentado en un dromedario esperando a que su padre y tíos acabasen de negociar la dote con que el pueblo quedaría libre de saqueos, la solución para los ataques. Se llevaban una desagradable sorpresa al sentir su sangre derramarse. Te reitero, no me importaban ni me importan.
A los once años tuve mi primera boda, como manda la tradición no fue una mujer mayor que yo, su un niña de diez años que me fue prometida nada más nació Atma. La boda se llevó a cabo porque ella ya había dejado de ser una niña con su menarquia. Yo no era un niño y sabía muy bien lo que esperaba Abdullah y el resto de nosotros, con sólo trece años fui padre, Adnan nació fuerte y sano, como te imaginas… el adnan que conociste tiempo atrás, es mi hijo en más de una forma.
La vida en aquel tiempo no tenía muchas esperanzas, y cuando cumplí los diecisiete años ascendí, como manda la tradición, como rey de los beduinos. Fueron años prósperos para mi tribu, teníamos comida, agua, riquezas que otras tribus beduinas desearían haber tenido, por mi parte ya tenía seis esposa y solo ama a dos, Atma y Kimara, ninguna mujer de la tribu les ganaba en belleza ni en la diligencia con que me atendían a mí y a mis hijos. Volviendo con atma, la vi crecer, ambos crecimos viendo como el otro se hacía mejor cada día. En fin, tampoco entrare en demasiado detalles, cuando tenía veintiséis años una nueva propuesta de matrimonio llego a hasta mí. Talal me entregaba a su hija junto a una gran dote, la acepte. Fue mi primer error. La caravana llego de noche, telas blancas vestían todos, las joyas de oro y piedras preciosas estaban por todos lados, pero no me interesaban ni a mi pueblo, total ya teníamos lo que se pedía por permitir que una de sus mujeres fuese mi esposa. Me obsesione luego con la mujer que dejaba el trono principal. Banafrit. Tenía al tacto la piel tan fría, pero en el lecho me daba lo que deseaba, me molesto demasiado que durante el día se negara a salir y se mostrara extremadamente agotada, al año de matrimonio y no me dio un hijo ¿Por qué? No lo sé, justo al día siguiente de que se cumpliese un año de nuestra unión, le increpe por su infertilidad y cerca del amanecer la quise obligar a salir al sol, su fuerza era algo que me atormentaba. Ese día ella bebió de mi hasta dejarme casi seco, no me pregunto si deseaba o no ser como ella ni siquiera sabía lo que era, la agonía terrible, pero paso rápido.
Seguí gobernando sobre mi pueblo durante unos años, obedientes a su rey no hacían preguntas y yo cazaba entre los árabes, no lastimaría a mi gente, desprecie a Banafrit, la expulse de mi lado. Por eso me sorprende que la conozcas… más aún que vaya acompañada de mi hijo… Mi hijo, cuando yo debía cumplir los treintaisiete años, Adnan fue envenenado por uno de sus hermanos menores durante el día, porque yo me encargaba de proteger a mi primogénito de noche. Al despertar llego Atma llorando la agonía de nuestro hijo, no demore en acudir a su lado, no había nada que hacer. Bebí toda su sangre y se la regrese, nació como hijo mío nuevamente. Me acuso de arruinarle la vida al salvarlo, durante años detesto nuestra naturaleza. Comenzamos a asustar, sobre todo yo, con más de cincuenta años y seguía teniendo el aspecto de un joven. Con adnan abandonamos a nuestro pueblo.
Pasarían quince años, la extraña muerte de Atma y Kimara nos hizo regresar con la tribu, aunque a la distancia, sus ancianos cuerpo estaban secos y solo una gema verde en su cabeza. Banafrit las había asesinado, yo lo sabía, pero nada le dije a mi hijo.
Nada importante pasó en un buen tiempo, estuvimos a punto de morir en unas ocasiones, pero nada más. Hace unos doce años no soportamos más nuestra compañía, Adnan y yo éramos demasiado parecidos. Él deseaba hacer unas cosas yo no se los permitía, él ya no soporto que siguiera tratándolo como un niño, como si él aún respetara las tradiciones. Nos cambiamos muchas veces el nombre, fuimos Rutheford, Santos, volvimos a ser los Seimandi, fuimos Yesenes, Cox y ahora último adopte el nombre de Viktor Hayes. Verás que para mí el nombre, ya ni siquiera el nombre es indispensable.
-¿Sólo me dirás eso?-le pregunte, realmente no era mucho, yo ya me había bebido toda la botella de vino- Vamos Vik… cuéntame más-le pedí, pero él negó con la cabeza.
-No hay nada más que decir… ya conoces a mi hijo y quien me condeno ¿Para qué más?-me dijo muy tranquilo.
-Ya te sacaré más algún día…aún me queda un par de años ¿No?...-lo mire a los ojos, él sabía que tengo cáncer al pulmón- Si… tengo tiempo, por lo menos unos… ¿Diez años?-él dejo escuchar su risa, tan agradable y sobrenatural. Dejamos el lugar con un gran propina, Viktor paga, yo no tengo mucho dinero.
Esa noche la deje en su departamento, la amaba todo lo que alguien como yo puede amar, al amanecer tome rumbo a Sudamérica, quería conocerla más. Jamás debí hacer ese viaje, como todo lo que amo, Banafrit la mató, estoy seguro, aunque no ha sido encontrado su cuerpo.
-Pues empecemos… -le dije mordiéndome el labio inferior- No quiero que te arrepientas… -encendí la grabadora, él tenía sabido que no le haría ninguna pregunta en específico, quería saberlo todo, me llego una copa de vino con su botella, frutillas picada en un plato de postre, el corazón me latió muy rápido ante el gesto, él sabía que me gustan las frutillas picadas en vino tinto. Suspire. Viktor tomo mi mano con dulzura.
-Empezare Rayen, pon mucha atención…-miro mi mano con dolor- Y no me odies, por favor…
Cuando nací no me llamaba Viktor Hayes, ni mucho menos era inglés como ahora. Fui el hijo de Abdullah Seimandi, rey de uno de las tantas tribus Nómadas cercanas del Jordán, por el año 1317 aproximadamente, no podría darte una fecha exacta ya que en aquel tiempo no nos preocupabas por las fechas de occidente. Mi nombre era Kadar Seimandi. Fui educado como un beduino de alta cuna, entrenado en el uso de la espada árabe y en las leyes de Alá. A los nueve años ya acompañaba a los hombres en los asaltos de los pueblos estacionarios árabes, y si me preguntas ahora si me arrepiento te diré que no, era a forma que mi pueblo lleva siglos viviendo. A los diez años ya había cortado varios cuellos, todos de aquellos que veían en un niño sentado en un dromedario esperando a que su padre y tíos acabasen de negociar la dote con que el pueblo quedaría libre de saqueos, la solución para los ataques. Se llevaban una desagradable sorpresa al sentir su sangre derramarse. Te reitero, no me importaban ni me importan.
A los once años tuve mi primera boda, como manda la tradición no fue una mujer mayor que yo, su un niña de diez años que me fue prometida nada más nació Atma. La boda se llevó a cabo porque ella ya había dejado de ser una niña con su menarquia. Yo no era un niño y sabía muy bien lo que esperaba Abdullah y el resto de nosotros, con sólo trece años fui padre, Adnan nació fuerte y sano, como te imaginas… el adnan que conociste tiempo atrás, es mi hijo en más de una forma.
La vida en aquel tiempo no tenía muchas esperanzas, y cuando cumplí los diecisiete años ascendí, como manda la tradición, como rey de los beduinos. Fueron años prósperos para mi tribu, teníamos comida, agua, riquezas que otras tribus beduinas desearían haber tenido, por mi parte ya tenía seis esposa y solo ama a dos, Atma y Kimara, ninguna mujer de la tribu les ganaba en belleza ni en la diligencia con que me atendían a mí y a mis hijos. Volviendo con atma, la vi crecer, ambos crecimos viendo como el otro se hacía mejor cada día. En fin, tampoco entrare en demasiado detalles, cuando tenía veintiséis años una nueva propuesta de matrimonio llego a hasta mí. Talal me entregaba a su hija junto a una gran dote, la acepte. Fue mi primer error. La caravana llego de noche, telas blancas vestían todos, las joyas de oro y piedras preciosas estaban por todos lados, pero no me interesaban ni a mi pueblo, total ya teníamos lo que se pedía por permitir que una de sus mujeres fuese mi esposa. Me obsesione luego con la mujer que dejaba el trono principal. Banafrit. Tenía al tacto la piel tan fría, pero en el lecho me daba lo que deseaba, me molesto demasiado que durante el día se negara a salir y se mostrara extremadamente agotada, al año de matrimonio y no me dio un hijo ¿Por qué? No lo sé, justo al día siguiente de que se cumpliese un año de nuestra unión, le increpe por su infertilidad y cerca del amanecer la quise obligar a salir al sol, su fuerza era algo que me atormentaba. Ese día ella bebió de mi hasta dejarme casi seco, no me pregunto si deseaba o no ser como ella ni siquiera sabía lo que era, la agonía terrible, pero paso rápido.
Seguí gobernando sobre mi pueblo durante unos años, obedientes a su rey no hacían preguntas y yo cazaba entre los árabes, no lastimaría a mi gente, desprecie a Banafrit, la expulse de mi lado. Por eso me sorprende que la conozcas… más aún que vaya acompañada de mi hijo… Mi hijo, cuando yo debía cumplir los treintaisiete años, Adnan fue envenenado por uno de sus hermanos menores durante el día, porque yo me encargaba de proteger a mi primogénito de noche. Al despertar llego Atma llorando la agonía de nuestro hijo, no demore en acudir a su lado, no había nada que hacer. Bebí toda su sangre y se la regrese, nació como hijo mío nuevamente. Me acuso de arruinarle la vida al salvarlo, durante años detesto nuestra naturaleza. Comenzamos a asustar, sobre todo yo, con más de cincuenta años y seguía teniendo el aspecto de un joven. Con adnan abandonamos a nuestro pueblo.
Pasarían quince años, la extraña muerte de Atma y Kimara nos hizo regresar con la tribu, aunque a la distancia, sus ancianos cuerpo estaban secos y solo una gema verde en su cabeza. Banafrit las había asesinado, yo lo sabía, pero nada le dije a mi hijo.
Nada importante pasó en un buen tiempo, estuvimos a punto de morir en unas ocasiones, pero nada más. Hace unos doce años no soportamos más nuestra compañía, Adnan y yo éramos demasiado parecidos. Él deseaba hacer unas cosas yo no se los permitía, él ya no soporto que siguiera tratándolo como un niño, como si él aún respetara las tradiciones. Nos cambiamos muchas veces el nombre, fuimos Rutheford, Santos, volvimos a ser los Seimandi, fuimos Yesenes, Cox y ahora último adopte el nombre de Viktor Hayes. Verás que para mí el nombre, ya ni siquiera el nombre es indispensable.
-¿Sólo me dirás eso?-le pregunte, realmente no era mucho, yo ya me había bebido toda la botella de vino- Vamos Vik… cuéntame más-le pedí, pero él negó con la cabeza.
-No hay nada más que decir… ya conoces a mi hijo y quien me condeno ¿Para qué más?-me dijo muy tranquilo.
-Ya te sacaré más algún día…aún me queda un par de años ¿No?...-lo mire a los ojos, él sabía que tengo cáncer al pulmón- Si… tengo tiempo, por lo menos unos… ¿Diez años?-él dejo escuchar su risa, tan agradable y sobrenatural. Dejamos el lugar con un gran propina, Viktor paga, yo no tengo mucho dinero.
Esa noche la deje en su departamento, la amaba todo lo que alguien como yo puede amar, al amanecer tome rumbo a Sudamérica, quería conocerla más. Jamás debí hacer ese viaje, como todo lo que amo, Banafrit la mató, estoy seguro, aunque no ha sido encontrado su cuerpo.
.: Otros :.
Pertenencias:
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| Esté bonito colgante es el que Viktor guarda con tanto recelo. |
1.A lo largo de los años a adquirido varias motocicletas.
2. El collar de Rayen
Le Gusta: La paz, buenas charlas, la música, el teatro, el modelaje, el amanecer, viajar. Pensar que escucha la voz de Rayen en su mente.
Le Disgusta: impuntualidad, quedarse demasiado tiempo en un solo sitio, los escándalos, la gente que desprecia a otros solo por despreciar, las personas muy timidas o inseguras.
Le Disgusta: impuntualidad, quedarse demasiado tiempo en un solo sitio, los escándalos, la gente que desprecia a otros solo por despreciar, las personas muy timidas o inseguras.
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